Famosos apostadores

Con la creciente popularidad que han tenido los juegos de azar en los últimos tiempos, sobre todo el Poker, cada día son más los famosos que se convierten en fanáticos de algún juego de apuestas. Sin embargo, esta tendencia no es exclusiva del siglo XXI, sino que se remonta a principios del siglo XX.

El reconocido actor ítalo-francés, Yves Montand solía contar a sus amigos que su Ferrari y su casa de campo situada en las inmediaciones de París las había ganado en partidas de Poker. Sin embargo, nunca confesó cuánto dinero perdió.

El actor y director Vittorio de Sicca definió en pocas palabras su relación con los casino, diciendo que cuando muriera deberían colgar en la fachada del Casino de San Remo un letrero que dijera "De Sicca lo hizo". El veterano director consideraba que el Casino era su legado ya que lo había pagado con el dinero que había perdido allí.

Después de muchos años, el actor Omar Shariff reconoció que los miles de dólares que había ganado en su vida trabajando como actor, los había perdido en las mesas de los Casinos. Para compensar el poco trabajo cinematográfico en los últimos años, se convirtió en agente de relaciones públicas de varios casinos franceses y fue parte de la campaña publicitaria de una revista de turf.

El cantante de tango Carlos Gardel era conocido además de por su voz, por su pasión por las carreras de caballos. Dicha pasión resultó también una fuente de inspiración que lo llevó a interpretar tangos como "Por una cabeza", "Leguisamo solo", en homenaje a su amigo y jockey Irineo Leguisamo, y "Palermo", sobre las desventuras de un jugador.

Por su parte, el escritor ruso Fedor Dostoievsky plasmó su amor por el juego, especialmente por la Ruleta, en la novela "El jugador", un texto casi autobiográfico. Allí confiesa su pasión por las apuestas y da testimonio de cómo vive su vida un apostador.

Además de las celebridades que se convirtieron en amantes de los juegos de azar, son varios los personajes anónimos que llegaron a ser célebres por su gusto por las apuestas, su ingenio o su buena suerte.

En el año 1891, un misterioso caballero londinense llamado Charles Wells vistió de luto a la banca de un casino de Montecarlo. Cada mesa de ruleta tenía una reserva fija de dinero y cuando esa reserva se agotaba, se cubría la mesa con una tela negra como símbolo de duelo. El inglés inspiró una canción: "The Man Who Broke the Bank at Montecarlo" ("El hombre que quebró a la banca en Montecarlo").

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